INDICE
Pág.
Cambiazo ....................................................07
El mensaje...................................................12
Mi amigo, el árbol........................................13
No seas ingrato...........................................15
Chigui, el valiente........................................17
Un cambio de look......................................25
El hijo del Diablo........................................27
PRÓLOGO
Eliodoro Martínez autor de textos
narrativos y poéticos se caracteriza por abordar en sus poemas o narraciones
temas de diversa índole, los mismos que motivados por hechos reales, en sus
mundos de ficción poseen infinidad de aristas y facetas. La mayoría de ellos
presentan mensajes que, al ser captados por sus lectores, sin duda, redundarán
en sus formas de vida; algunos de ellos se cobran mayor contundencia con la
presencia de muy conocidos y significativos refranes y otros, con sutiles alusiones
a intervenciones divinas, estas en y Chigui, el valiente.
Descuella en este ramillete de
relatos un texto que rezuma refinado tono irónico, es el titulado Un
cambio de look, jocosa historia de amor protagonizada por dos
lápices-borra.
Los personajes son de extracción
popular: Mujeres, hombres y niños, pero en dos relatos son objetos y en uno
animales: El árbol, mi amigo y Un cambio de look (un árbol y dos
lápices-borra) y Chigui, el valiente (un pajarito y un asno):
Como ya se ha referido, En TIERRA ENCANTADA, libro integrado por
ocho relatos, seis de ellos breves, presentan temáticas basadas en algunas
experiencias vivenciales del autor y de algunas personas de su entorno.
En lo concerniente a los cuentos en los
cuales la presencia de populares refranes cobra significativos mensajes, estos
son: El
cambiazo con los refranes Entre
gitanos no nos podemos adivinar la suerte y Nadie sabe para quién trabaja y Chigui, el valiente: Enfermo que come no muere.
Las narraciones refieren algunos
aspectos de la condición humana con un lenguaje ameno y sugerente que trasunta
los vicios y virtudes de los sujetos cuentísticos llevados a la ficción
literaria.
Por lo expresado, aspiramos que la
lectura de TIERRA ENCANTADA satisfaga
las expectativas de sus lectores.
ALÍNDOR TERÁN OLASCOAGA
Director
de la revista literaria ALBATROS
Pacasmayo,
junio del 2022
EL
CAMBIAZO
¡Los
voy a denunciar! -
-¡Me están
difamando!-
-¡Están
yendo contra mi honorabilidad!
Eran
las palabras que profería en aquel instante “Chicho”, bajo un candente sol que
cubría el cielo raso de la pequeña oficina de la Dirección del Instituto. Al
centro de la misma se encontraba el director, a los costados estaban: el jefe
de Unidad, el secretario Docente y el investigado “Chicho”.
“Chicho”
era docente de filosofía y se había graduado en la Universidad de Cajamarca y
llegó al instituto a trabajar como docente contratado y luego fue nombrado
cuando el gobierno dio la ley para los que tenían más de tres años trabajando
en el puesto sean nombrados.
-Mira
“Chicho” no te hagas la víctima. Primero queremos que te calmes y en segundo
lugar deja de amenazarnos-Manifestó el jefe de Unidad.
-No
estoy amanzanado, solamente estoy reclamando mis derechos que me asisten de
acuerdo a ley. Me están levantando falsas acusaciones-volvió a alegar Chicho.
-Mira
aquí tienes un documento. Mejor léelo y entérate de una vez de qué se trata-
expresó el director de la institución.
Conforme
“Chicho” iba leyendo el documento se iba poniendo rojo como un tomate muy
maduro, y las facciones de agresividad de su rostro fueron cambiando por la de
un manso cordero.
Lo que
pasaba era que un día anterior una estudiante de apellido “Shushupe” lo había
denunciado por escrito que el mencionado “Chicho” le cobraba cien soles para
que no lo desapruebe en el curso. Ella y su amiga habían sido víctimas del
famoso “Chicho”. Como no tenían todo el dinero solamente le entregaron la mitad
del dinero. Y éste muy campante les dijo: ya denme el dinero, lo que tengan,
pero eso sí me dejan su DNI y cuando tengas la otra parte les devuelvo su
documento de identidad. La amiga de la “Shushupe” manifestó: profesor yo no
tengo DNI. Pero debes tener algún artefacto en tu casa, continuó hablando el Chicho.
Sí, tengo una grabadora argumentó la amiga de la Shushupe. Entonces anda tráelo
y cuando tengas la otra parte te lo devuelvo. Esto era lo que decía en la
denuncia que estaba leyendo el Chicho.
-Ya
ves Chicho como nosotros no mentimos ni calumniamos, hablamos con pruebas.
Ahora qué dices, manifestó el director.
-No,
por favor no me hagan daño. Piensen en mi familia. Si me botan que va hacer de
ellos. Denme una oportunidad, pero no me denuncien, suplicaba casi al borde de
la desesperación el muy conocido Chicho.
-Está
bien dijo el director, que sea la última vez. Te damos Diez minutos para que
entregues las cosas a las alumnas y si no lo haces lo mandamos el documento a
la Región de Educación.
-Listo,
gracias, me voy- dijo el Chicho.
-Después
que devuelve las cosas viene por acá, profesor, indicó el director en tono muy
serio.
-Ya
director, en seguida vuelvo.
Pasados
veinte minutos “Chicho” regresó a la oficina del director ya un poco más
calmado.
-Ud.
dirá director, estoy aquí a su llamado-expresó Chicho.
-Mira
Chicho, entre gitanos no nos podemos adivinar la suerte, así que antes de que
envíe los documentos a la Región de Educación mejor lo arreglamos aquí nomás,
alegó el director.
-Usted
dirá director qué tengo que hacer, habló tímidamente Chicho.
-Simplemente
me das unos trecientos soles y asunto arreglado, y en este momento rompemos los
documentos en tu delante- pronunció el director en tono serio.
-Queeee
está usted loco, de dónde voy a sacar ese dinero. No, no ni en bromas director.
-Mira
Chichito yo sé que has hecho tu agosto en diciembre. Así que lo tomas o lo
dejas la propuesta.
-Está
bien director, no tengo otra salida, masculló entre sus dientes Chicho.
Fue
así como se aplicó ese refrán que dice:” nadie sabe para quién trabaja”.
EL MENSAJE
Aquella noche las pesadillas no me
dejaban dormir. Había perdido mi pequeño USB. En la mañana habíamos buscado,
con mi amigo Alíndor, en el escritorio de mi oficina sin resultado alguno y
desconsolado me fui a casa.
Al día siguiente al ingresar nuevamente
a la oficina de Alíndor, en la parte central del pupitre se encontraba mi USB.
Me asusté y pensé rápidamente, si allí lo habíamos buscado y no estuvo y por
qué ahora se encontraba allí.
Inmediatamente
introduje la USB en la computadora y al revisarla encontré un mensaje que
decía: "Hoy es un buen día para morir." Nos miramos asustados…
MI
AMIGO, EL ÁRBOL.
Aquella
tarde, cuando el sol iba muriendo en brazos de la noche, regresamos a nuestra
querida escuela Olinda y yo, con el propósito de arreglar nuestro árbol de
navidad que nuestra maestra María nos había encargado que lo hagamos. Pero al
momento de ingresar -oh sorpresa-, encontramos que el árbol estaba totalmente
iluminado y no estaba conectado a la corriente eléctrica. Nos quedamos absortos
mirándonos. Pero en ese momento escuchamos una voz que nos decía:
-
Pasen niños, no me tengan miedo.
-Queeeee!
expresamos muy asustados.
- No
tengan miedo soy su amigo el árbol de navidad.
- Qué
quieres de nosotros, le dijimos.
-Solo
quiero ser su amigo, expresó el árbol.
Fue
así que fuimos agarrando confianza y entablamos una linda conversación con el
árbol y nos contó muchas cosas bonitas que hasta hoy las recordamos con cariño.
Los
pobladores de Cerro Prieto dicen que cada vez que llega la navidad escuchan
música dentro del colegio y ven todo iluminado como si fuera de día.
Yo me
pongo feliz porque han pasado ya diez años desde que salí de la escuela y cada
24 de diciembre corro a la escuela a conversar con mi amigo quien se pone a
parlar conmigo alegremente de todas las cosas que pasan en el mundo,
especialmente la desaparición física de Olinda la niña que me acompañó la
primera vez a conversar con el árbol y que hoy ya no está conmigo pero siempre
estará en mi corazón por siempre....Y así va pasando mi vida en cada Navidad y
soy feliz con mi amigo el árbol por siempre .
Amén.
NO SEA
INGRATO:
Expresiones
como ésta suele ocurrir siempre:” El próximo año estoy con mi papá o con mi
mamá en su cumpleaños”, “Dios sabe que lo amo o la amo”, “Estoy muy ocupado ya
iré algún día a visitarlos, en algún momento será”, qué triste realidad verdad.
Digo esto por experiencia propia, siempre buscaba excusas para hacer lo que
otros hacen y a veces no podía estar en el día más importante de nuestros
padres, su onomástico. Ahora que mi padre ya no está, cuánto daría por tenerlo
a mi lado, darle un abrazo, y decirle un te quiero, tarde mi reacción, mi
egoísmo mató mis sentimientos de amor hacia mi padre. Quisiera que el tiempo
diera marcha atrás para empezar de nuevo y amar a nuestros padres como Dios
manda. Así es que amigos, si tienen vivos a sus padres ámenlos, dejen de hacer
otras cosas banales y vayan a ese cumpleaños para decirles lo mucho que lo
aman, porque después que mueren, así vayan gritando detrás del cajón no sirve
para nada, esos gritos de hipocresía y llenos de falsedad quedan en el olvido.
Todo se debe dar en vida, alegría, felicidad, amor, comprensión a nuestros
seres queridos, porque cuando nos toque partir nada llevamos, como dice la
palabra de Dios: “Desnudos venimos y desnudos nos vamos”, por favor entonces,
vivamos como verdaderos seres humanos, empezando por amar a nuestros padres.
“CHIGUI,
EL VALIENTE”
¡Mamá,
mamá! mira lo que encontré.
Llegó
gritando aquella tibia mañana, Manuelito. Traía entre sus manos un pajarito muy
chiquitito, de color blanco con anaranjado, sus patitas eran desmesuradamente
delgaditas, y las plumas de sus alas estaban cortadas por eso no podía volar.
Manuelito lo había encontrado debajo de uno de esos frondosos árboles que
crecen en la gigantesca plaza de armas de Pacanguilla, cuando se dirigía a la
escuela “Cristo Rey”.
Manuelito
tuvo que regresarse a su casa para dejar al pequeñín al cuidado de su madre.
Ésta al verlo dijo:
-¡Pobre
animalito!,
-¡Quien
habrá sido el desalmado que ha hecho esto!,
-¡Tráelo
para abrigarlo, está tiritando de frío, pobechito!
Manuelito
era un niño muy obediente con sus padres quienes le habían inculcado buenos
valores cristianos, también le habían enseñado a ser respetuoso con sus
semejantes y la naturaleza. Y aquel día por recoger al pajarito, llegó tarde al
colegio “Cristo Rey” y tuvo que sufrir las consecuencias del castigo físico por
parte del auxiliar. No le importó nada porque él estaba feliz de haber
encontrado a tan hermoso pajarito y que ahora estaba a salvo en casa al cuidado
de su mamá.
Cuando
Manuelito retornó del colegio lo primero que hizo fue buscar al animalito que
había encontrado aquella mañana. Su madre le manifestó que lo había abrigado
con una chompa vieja y lo había colocado dentro de una caja de galletas.
Efectivamente allí estaba el pequeño pajarito. Estaba todo acurrucado,
solamente se dejaba ver su pequeño pico por una rendija de la vieja chompa. Así
estuvo varios días. Solamente lo sacaban para que coma. Unas veces le daban pan
remojado con leche fresquita. Otras veces le daban arroz molido. Fue así que
cuando transcurrieron ocho días desde que Manuelito lo había encontrado.
“Chigui” empezó asomar su pequeña cabecita por encima de la caja de galletas. Y
su madre dijo:
-Ya
está mejor “Chigui.”
-Enfermo
que come no muere, volvió a repetir la madre de Manuelito.
Chigui,
era el nombre con que le habían bautizado al pajarito a pedido del hermano
menor de Manuelito. Ya que éste no sabía pronunciar bien las palabras, en lugar
de decir chiquito, decía “chiguito”; entonces se quedó con el nombre de “Chigui”
para poderlo pronunciarlo lo más rápido posible.
Chigui,
se había acostumbrado con la familia de Manuelito. Unas veces caminaba detrás
de Manuelito u otras veces detrás de su hermano menor. Parecía un perrito
pekinés. Hasta que un día ocurrió un milagro.
Chugui
apareció sobre el lomo del corajudo “Mojino”, un burro de raza, traído desde la
lejana ciudad de Chulucanas para que tenga crías con las burras de propiedad de
su padre.
-¡Miren
Chigui está sobre el Mojino!
-¡Y no
le hace nada. ¡Está quietito!
Efectivamente
Chigui había entablado una excelente amistad con Mojino. Siempre paraba encima
de él y desde allí entonaba hermosas melodías al amanecer y al anochecer de
cada día. Otras veces desparasitaba a Mojino y cuando terminaba su jornada, estiraba
sus alitas y patitas en señal de júbilo. Y de allí a veces volaba hacía el
viejo algarrobo que se encontraba en medio del patio de la casa. Se hicieron
buenos amigos e inseparables daba gusto verlos siempre. A veces Manuelito tenía
miedo de que Chigui encuentre algún día a su familia y se vaya con ellos. Pero
no lo hizo nunca. Se acostumbró a vivir con la familia de Manuelito. Pero un
día que Manuelito llegó del colegio conjuntamente con su amigo Brayan. Éste
invitó a su amigo a pasar al enorme patio de su casa. Brayan era un muchacho
inquieto siempre andaba con un jebe en la mano con el cual mataba a pajaritos que
encontraba en el camino o a veces destruía sus nidos. Por eso al verlo llegar
“Chigui” bajó a toda velocidad, cruzando como un rayo y trató de hundirle sus
pequeñas garras en la cabeza de Brayan. Éste al verse acosado por el pequeño
pajarito sacó su siniestro jebe y apuntó hacía el árbol donde ahora se
encontraba “Chigui”, con la intención de matarlo. Manuelito que había escuchado
chillar con furia a Chigui, llegó corriendo y dijo:
-¡No
Brayan, no lo mates!
-¡Él
es mi amigo, lo encontré debajo de un árbol hace un mes!
Brayan
agachó la cabeza, todo avergonzado, tuvo que guardar su jebe. Los pelos de su
cabeza estaban revoloteados. No podía creer que un pajarito pequeñito y furioso
le había hecho eso.
-¡ja
ja ja ja ja, mamá mira lo que Chigui le ha hecho a Brayan!, dijo Manuelito.
-¡Hijo
que te pasó!, dijo la mamá de Manuelito.
-Este
Chigui es un travieso, le gusta jugar, repuso la mamá de Manuelito.
Brayan
no dijo nada estaba abochornado. Lo que sucedió fue que Chigui lo había
reconocido que él fue el culpable de haberlo dejado sin plumas en sus alas
después de haberlo abandonado mal herido con su jebe. Brayan era perverso tenía
la fama de jebear a todos los pajaritos que estaban encima de los árboles o a
veces destruía los nidos de los pobres animalitos, dejándolos huérfanos e
inválidos. Por esta razón Chigui lo había atacado con toda su incontenible
furia. Lo había reconocido…
A la
semana siguiente Brayan asistió a un retiro del colegio Phil Moon, cuando
estaban en plena oración y todos estaban concentrados. Éste vio que una luz muy
potente como los rayos del sol del mediodía, caían en su delante. Eran tan
potentes que lo empezaron a enceguecer y escuchó que una voz muy potente desde
el cielo le decía:” arrepiéntete es hora de arrepentirse de las malas acciones”.
Brayan cayó de bruces. Se Había desmayado. Cuando recobró el conocimiento se
encontraba en brazos de su maestra y a su lado estaba el pastor tratando de
reanimarlo. Y desde aquel día Brayan prometió cambiar su actitud frente a los
pajaritos porque Dios le había tocado su corazón y en sus sueños de desmayo
Dios le habló para que aprenda el versículo 11 de 3 Jn.: “Amado, no imites lo
malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo,
no ha visto a Dios”. De esta manera Brayan cambió su conducta. Y aquella noche
al llegar a su casa quemó el maldito jebe y se dedica ahora a recoger los
pajaritos que encuentra por el camino malheridos, y ha confeccionado en su casa
enormes jaulas donde permanecen los pajaritos hasta que estén totalmente
curados para, luego devolverlos su habitad natural…
UN
CAMBI0 DE LOOK
Había
una vez un lápiz borra que se encontraba en la vitrina de una librería junto a
otros útiles escolares esperando ser llevados por algún comprador. En medio de
ellos se hallaba también un lápiz borra muy hermosa, con su cabellera rojiza y
su tez amarillita. El lápiz borra se sentía enamorado de la lápiz borra y le
declaró su amor y ella lo aceptó, y quedaron verse la próxima semana para salir
a pasear por el parque. En eso aparece un niño travieso y coge al lápiz borra y
se lo lleva a su casa. Entonces el lápiz borra gritó desesperado:
-Nos
vemos la próxima semana, te lo prometo.
-Sí,
ahí nos vemos, dijo la lápiz borra.
El
niño travieso llega a su casa y empieza hacer su tarea con la ayuda del lápiz
borra, y de tanto escribir fue acabándose la punta. Luego el niño travieso
empieza tajar, y a tajar, y a tajar cada vez que se acababa la punta del lápiz.
El lápiz borra se sentía preocupado porque se consideraba más pequeño. Y ahora
que le iba a decir a su novia.
Y
llegó el día del encuentro con la lápiz borra. Se arregló lo más que pudo y se
fue a la cita con su amada. Cuando llegó al parque la lápiz borra se asustó y
le dijo:
-¡Qué
pasó!-
Él le
dijo:
-Fue
un cambio de look.
Ambos
se rieron. Se abrazaron y disfrutaron su estancia en el parque.
Finalmente
se unieron en matrimonio y tuvieron muchos lapicitos de distintos colores.
EL
HIJO, DEL DIABLO
¡Te
ordeno que te cierres!
Y la
puerta empezó a cerrarse lentamente. Y se escuchó el murmullo de mis compañeros
de aula. No creían lo que estaban viendo, se quedaron anonadados.
Nosotros
habíamos estado en el recreo disfrutando de lo maravilloso que era, cuando
escuchamos el ruido del silbato del auxiliar y corrimos apurados para alcanzar
los servicios higiénicos y los lavatorios. Y como conejos asustados llegamos al
aula porque el profesor de matemática no nos dejaba ingresar una vez que él se
ubicaba dentro del salón de clase.
Por
qué se asustan.
No
saben que soy el hijo Diablo.
Y
todos mis compañeros me miraron asustados por mi actitud rebelde.
-¡Ya
no se asusten! Es tan solo una broma.
- ¡Te
ordeno que te cierres! Y la puerta nuevamente se fue cerrando lentamente
haciendo un ruido sórdido de ultratumba.
Imagínense
la cara de terror de mis compañeros de clase, en ese momento.
-Ya
ven que puedo ordenarle a la puerta que se abra y se cierre.
- Es
que soy el hijo Diablo, volvía proferir.
Y
desde aquel día mis compañeros de aula me dieron la ley del hielo. Nadie quería jugar conmigo. Nadie quería
cruzarse en mi camino. Cuando se forman grupos de trabajo, hacía solo la tarea
porque nadie quería tenerme en sus grupos de trabajo. Fue así que empecé a
sentir una inmensa soledad y un vacío en mi corazón.
Bah,
por una sencilla broma se ponen así, no saben de juego.
Hoy
les acuso con mi papá el diablo.
Ahora
si estaban muy asustados mis compañeros.
Yo me reí a carcajadas hasta más no poder, porque Diablo era el
sobrenombre o apodo con que le conocían a mi padre en el barrio.
-Je,je,je,je,je.

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